domingo, 30 de diciembre de 2012

Lampard tumba al Everton y su mala suerte


Solamente los grandes son capaces de salir a flote cuando más aprieta la tormenta. Seguramente hoy el Everton mereció más, pero la diosa Fortuna no quiso darle un premio más grande y más justo a un equipo llamado a ocupar los puestos nobles de la tabla de clasificación inglesa. Hoy era el día de otro hombre. Había escenarios más grandes y más atractivos, pero el viejo y romántico Goodison Park reunía, precisamente hoy, todas las condiciones para que Frank Lampard gritara al mundo del fútbol, con voz alta y clara, que todavía tiene mucho talento que derrochar. Allí, donde el legendario Eusebio labró su mito con cuatro goles que tumbaron a la sorprendente Corea del Norte y dieron el pase a semifinales a Portugal en el Mundial de 1966, Lampard cortó de raíz las aspiraciones toffees con dos tantos, uno de cabeza y otro al aprovechar un rechace de Howard a disparo de Mata.


Frankie ya no es el de antes: no asume todo el peso del juego, que ahora lo lleva –indiscutiblemente y con una claridad soberbia–  Mata; no está tan ágil en el regate ni tan rápido; y no puede implicarse tanto como le gustaría en tareas defensivas. Pero sus virtudes de siempre siguen intactas. Es más, quizá hayan mejorado con el tiempo, como los buenos vinos. Hoy jugó algo más adelantado que de costumbre, en su hábitat natural, llegando al área con facilidad para exhibir todo el poderío que atesora, con unos resultados increíbles: dos goles que han dado un respiro tremendo al Chelsea. Cuando más feas se ponían las cosas, el eterno ‘8’ apareció para solucionarlas. Además, Mata es el que canaliza todo el juego ofensivo blue, pero no hay decisión que no pase por el capitán. Con Terry de baja y Drogba fuera del equipo, la vieja guardia se personifica en él. Sabe que es el líder y ejerce como tal.

Pero ni eso parece bastar a Abramovich. Es por todos conocida su obsesión por los equipos jóvenes y atléticos. Poco importa el pasado y lo que han grabado en él esos jugadores que antes eran sus niños mimados. Ahora, pasados los treinta, las opciones son claras: o renovaciones año a año, o hasta aquí hemos llegado. Es triste, pero es la realidad. Mientras Paul Scholes y Ryan Giggs son venerados en Old Trafford –también en el palco– con treinta y ocho y treinta y nueve años respectivamente, a Lampard se le pone entre la espada y la pared con treinta y cuatro y un buen rendimiento. El inglés no parece dispuesto a aceptar estas condiciones y pretende marcharse gratis en junio. De momento, en su último partido antes de poder negociar libremente con cualquier otro club le ha pasado la pelota a la directiva londinense con una exhibición. Quizá el partido de hoy marque un antes y un después para el propio Lampard y para el futuro del Chelsea.

A parte de Lampard y de una nueva demostración de por qué Mata está considerado como uno de los cinco mejores jugadores de la Premier, el Chelsea no ofreció mucho más. No lo tuvo fácil para crear ocasiones claras; cuando las tuvo, Torres no las concretó; y se vio superado por un muy buen Everton. David Moyes es un mago. Es capaz de sacar un rendimiento sensacional a una plantilla sin demasiados excesos, más aun teniendo en cuenta que la estrella del equipo, Marouane Fellaini, está cumpliendo sanción después de propinarle un cabezazo a Shawcross en el Stoke City-Everton de hace unas semanas. La entrega y el poderío que mostraron hoy a punto estuvieron de costarle un disgusto al todopoderoso Chelsea.


Abrieron el partido de maravilla: Pienaar lanzó hacia la derecha para la incorporación profunda de Jagielka, Anichebe remató al poste y el propio Pienaar aprovecho el rebote para hacer el primero. Minuto uno, el Everton daba primero y dejaba claras sus intenciones. Esas venenosas entradas por banda serían una constante. Tanto Jagielka como el genial Baines trajeron de cabeza tanto a Ashley Cole como a Azpilicueta y pudieron hacer que el resultado fuera otro. Pero antes de todo eso, a los ocho minutos, los toffees dieron su segundo y casi mortal aviso con un disparo de falta directa de Jelavic que sólo la madera pudo evitar que se convirtiera en el segundo tanto local. Comenzaba el calvario del delantero croata, el futbolista más activo y determinante de cuantos tenía en el campo el Everton. Se peleó con toda la defensa –especialmente con Ivanovic– pero lo máximo que logró fue un nuevo remate al travesaño a centro de Baines y no acertar a rematar correctamente un balón franco en el área pequeña. Fue la imagen del partido del Everton, negado de cara a la suerte e impotente ante la exhibición del viejo rockero que porta la camiseta número 8 del Chelsea.


PabloG.

sábado, 29 de diciembre de 2012

El Arsenal y Walcott, irregulares y sublimes


Una locura de partido y una locura de Arsenal. Literalmente. Diez tantos se vieron en el Emirates Stadium: siete para los gunners y tres para el Newcastle. Sin embargo, no se puede decir que el partido del equipo de Arsène Wenger fuera brillante. O, mejor dicho, no se puede decir que fuera del todo brillante. Tuvo ratos excelentes, en los que pudo arrollar a cualquiera que se le pusiera por delante, pero también volvió a caer en sus pecados más comunes. Se desconectó, se fue del partido y permitió que las urracas se le subieran a las barbas. No aprenden, pero mientras tanto hacen disfrutar como nunca a los aficionados al fútbol. ¡Qué espectáculo!


Este Arsenal se rompe y hoy lo hizo más veces de la cuenta. Cada vez que se puso por delante se tomó unos minutos de respiro imperdonables en la Premier y más frente a un rival como el Newcastle. Los hombres de Alan Pardew hicieron un buen partido comandados por el inagotable talento de Sylvain Marveaux y el apetito goleador de Demba Ba. Entre los dos lograron sacar los colores al Arsenal y marcar tres goles que sembraron las dudas en Londres. Sobre todo después del segundo, el único que firmó el mediapunta francés, que remató en boca de gol una gran jugada de Obertan después de que Kieran Gibbs se olvidara de su presencia. Fue el fiel reflejo del partido defensivo del Arsenal: despistes, falta de concentración, relajación… y ruptura.

Puede parecer que Arteta no sea el stopper que necesita este equipo, pero eso es un error mayúsculo. Es cierto, no es un pivote al uso, pero es el ideal para este equipo. Sabe manejar el ritmo del Arsenal y administrar los marcadores con el balón en los pies. Ese es el principal problema: cuando el Arsenal se puso por delante en el marcador, cedió el balón, inexplicablemente, a su rival. Así es imposible. Se echó en falta una mayor implicación por parte de Cazorla y Wilshere cuando el viento sopló a favor. Se fueron del partido y con ellos el Arsenal. Si a esto le sumamos una fragilidad defensiva preocupante, tenemos la respuesta a la ecuación. Demba Ba puede transformar una falta desde la frontal en gol con la ayuda de Wilshere, y Marveaux puede sacarse un pase genial con el exterior del pie para que el propio Demba Ba marque, pero el segundo gol es inadmisible. Todo radica de un mismo punto: el Arsenal necesita el balón en los pies.


Sin embargo, la capacidad de reacción del equipo fue envidiable. Hasta en cuatro ocasiones se puso por delante en el marcador hasta que logró amarrar definitivamente la victoria. Jugó en corto y con rapidez para crear unos espacios que terminaron por marcar las diferencias. En definitiva, el viejo Arsenal de siempre. Este equipo tiene un futuro esplendoroso, pero también puede tener un gran presente. Calidad no falta, regularidad sí. Cuando las cosas fueron mal, Wilshere organizó por el centro para devolver la ventaja. Hubiera firmado un encuentro magnífico si no llega a ser por su desconexión en los minutos –aparentemente– más plácidos de su equipo. De hecho, una internada suya por la banda izquierda permitió que el 3-2 subiera al luminoso. Centró con mucha parábola y picardía hacia la puerta de Krul y el despeje de Coloccini se topó con el larguero para que Podolski la empujara bajo palos. Pero los grandes protagonistas del partido en clave gunner fueron otros: Chamberlain, Gibbs, Giroud y, muy especialmente, Walcott.

El jovencísimo extremo inglés, que desembarcó en el Emirates el año pasado procedente del Southampton, logró estrenarse como goleador en la Premier League para poner el 2-1. Estuvo incisivo y su velocidad fue un hándicap para la defensa del Newcastle. Lo mismo ocurrió con Gibbs. El lateral zurdo firmó un partido sensacional –dejando a un lado su error en el segundo gol– y fue un peligro constante arrancando desde la izquierda. Se entendió a las mil maravillas con Podolski y supo leer perfectamente cada movimiento del alemán, lo que le hizo aún más peligroso. Su impacto ofensivo fue tal que estuvo a punto de marcar en dos ocasiones y pudo brindarle una asistencia a Walcott. Aunque aún mayor impacto causó el francés Giroud: entró en el campo con 4-3 y en apenas trece minutos logró poner el 6-3 en el marcador gracias a un remate en plancha y un potente disparo que culminaron dos grandes asistencias de Walcott. Aportó al equipo la serenidad ofensiva que necesitaba para ganar el partido.


Mención aparte merece Theo Walcott. El internacional inglés firmó una actuación imperial, muy digna de los mejores jugadores del planeta. Tres goles, dos asistencias y el hecho de llevar todo el peso ofensivo de su equipo hablan por si solos. Abrió el marcador con una contra y una definición al palo largo que trajo a la memoria al mejor Thierry Henry. Esos gestos, esa velocidad endiablada, ese catorce a la espalda… Fue tan sólo el comienzo de una actuación mágica. A ratos pecó de individualista. Lo es, y por eso es tan bueno y tan irregular a la misma vez. Pero cuando se asoció volvió a ser determinante: culminó la galopada de Kieran Gibbs para darle un final feliz a una jugada embarullada; le regaló dos goles a Giroud, primero con un precioso centro y después con una diagonal letal; y cerró la cuenta goleadora con el mejor gol de la jornada en Inglaterra. Arrancó desde la línea de fondo después de una falta botada en corto, encaró a cuatro rivales y lo derribaron en el área. Pudo quedarse reclamando el penalti, pero prefirió levantarse para batir a Krul con un disparo picado que hizo explotar el Emirates Stadium. Walcott es la viva imagen del Arsenal: sublime e irregular a partes iguales. Con trabajo y sacrificio pueden llegar a ser los mejores, de eso no hay duda.

PabloG.

jueves, 27 de diciembre de 2012

#manifiestoporelMalaga


No hay derecho. El abuso sufrido por el Málaga el pasado viernes es el culmen de algo que se lleva apreciando desde hace mucho tiempo: la UEFA necesita un chivo expiatorio para limpiar su imagen. ¿Qué mejor equipo que el Málaga? Ninguno. Cumple todos los requisitos: un equipo que ha sufrido un crecimiento espectacular en los últimos dos años, instaurado casi definitivamente en la élite del fútbol de su país, manejado por capital catarí a través del jeque Abdullah Bin Nasser Al Thani, pero sin embargo débil en el panorama europeo y con una crisis económica galopante. No se han hecho bien las cosas, de eso no hay duda. Ni por parte de los dueños, que se han permitido el lujo de abandonar al equipo casi a su suerte con unos salarios desorbitados únicamente posibles gracias a su inversión; ni por parte de las autoridades locales, que no han permitido al jeque llevar a cabo sus proyectos extrafutbolísticos en la ciudad; ni por parte de las autoridades nacionales, que han puesto mil y una trabas para lograr un acuerdo con Hacienda que garantizara la supervivencia del club (acuerdo que otros equipos como Valencia o Atlético de Madrid sí han logrado aun debiendo quince veces más que el Málaga, que hoy, 27 de diciembre de 2012, sí ha podido lograr, milagrosamente).


El caso es que los errores cometidos pueden hacer que la sanción de no disputar la próxima competición europea para la que se clasifique el equipo andaluz parezca justa. No lo es. Y no ya porque su deuda con Hacienda sea ridícula (diez millones de euros), los atrasos en los pagos con los empleados y jugadores estén ya más que acordados y solventados, y que los pagarés que se debían a otros clubes se hayan cumplido en fecha y hora. El Málaga está “limpio” económicamente hablando. Pero lo más sangrante de este asunto está en cómo se ha llegado a esta situación. ¿Tan exagerado es el desbalance de cuentas de este equipo para que la UEFA tenga que entrar de oficio con una medida nunca vista en el fútbol europeo y, me atrevería a decir, mundial? ¿Tanto es el peso y la importancia de este equipo? No. Hay clubes que deben muchísimo más y desde hace mucho más tiempo. El escudo del Fair Play Financiero (FFP) no sirve; el FFP es una falacia.

Soy consecuente con lo que digo y pondré ejemplos: el Manchester City. Ese equipo en el que todo es posible; en el que cualquier jugador del mundo puede vestir de celeste y forrar las paredes de su casa con billetes de cien libras. Ese mismo equipo es el que ha cerrado el ejercicio económico 2011/12 con unas pérdidas de ¡97,9 millones de libras! Ese mismo equipo es el que el año pasado lo cerró con unas pérdidas de ¡197,5 millones de libras!, la cifra más alta de la historia del fútbol inglés. Ese mismo equipo es el que, por primera vez en la historia del fútbol en Inglaterra, gastará este año más de ¡200 millones de libras tan sólo en salarios! Pero bien, este equipo entrará en 2013 dentro de los límites del FFP, cosa que todavía no pueden garantizar otros grandes equipos de Inglaterra como su vecino United, por ejemplo. ¿Cómo es esto posible? Muy fácil: su volumen de negocio va in crescendo año a año. Mientras sea rentable para la UEFA, aquí no ha pasado nada.

El FFP es mentiroso por eso y por muchas otras cosas. Que los contratos firmados antes de junio de 2010 no entren dentro de él, por ejemplo, lo que permite a Cristiano Ronaldo seguir ganando trece millones de euros netos sin que su club se vea amenazado de forma alguna. Si los que llevan años y años beneficiándose del negocio del fútbol quedan exentos de la ley suprema, ¿cuál es la finalidad de esta medida entonces? ¿Aumentar las diferencias entre los gigantes del fútbol europeo y los que sueñan con llegar a serlo algún día? ¿Perpetuar la especie ganadora para que nuestros hijos y nietos no conozcan más campeones de Europa que Manchester United, Real Madrid, Barcelona, Bayern y compañía? Platini está jugando a ser Dios desde su cómodo despacho de Nyon y secundado por muchos hombres de traje que probablemente lo más redondo que hayan visto en su vida sea un pupitre. Eso sí, de negocios si que entienden un rato. Saben lo que les da dinero y lo que no. De lo que no se dan cuenta es de que esto les puede traer mucha cola.

No está todo perdido para el conjunto malaguista. El club pretende hacer un recurso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS, en sus siglas en inglés) para revocar la sanción impuesta desde la sede de la UEFA. Para ello se ha rodeado de “los mejores abogados de España a nivel fiscal y deportivo”, según fuentes del club. Tiene la certeza de que ha cumplido, aunque sea sobre la bocina, con los requisitos. Para ello ha remado mucho desde este verano, lo que ha llevado consigo un riesgo deportivo considerable: tuvo que prescindir de tres de sus mejores futbolistas (el internacional español, Santi Cazorla; el venezolano, Rondón; y el holandés, Mathijsen) y realizar fichajes a coste cero que de momento están rindiendo de maravilla la mayoría (Manuel Iturra, Javier Saviola, Roque Santa Cruz y Oguchi Onyewu). O lo que es lo mismo, más de treinta millones de beneficios sólo con los traspasos.


Pero lo más importante es que la injusta sanción impuesta al Málaga ha servido para unir a la ciudad en contra del máximo organismo del fútbol europeo. De este modo surge el “Manifiesto por el Málaga”, un manifiesto que exige transparencia tanto a la UEFA, como al club y las autoridades locales y nacionales. Más de treinta mil personas se han sumado ya a la causa con un simple click a “Me gusta” en su página de Facebook y la publicación de su nombre, apellidos y profesión en el tablón de dicha página. Nada ni nadie podrá parar al pueblo malagueño en su cruzada contra las mentiras de los que mandan. El triunfo del Málaga puede y debe ser el triunfo del fútbol, el detonante para que salgan a la luz los turbios negocios que envuelven a este bello deporte que se juega con los pies con el objetivo de introducir el balón en la portería rival; que se juega con equipaciones, no con trajes; que se juega en el campo, no en los despachos. Que pasen unas felices fiestas y que tenga un próspero 2013.

PabloG.

domingo, 23 de diciembre de 2012

El dulce canto del cisne


El Liberty Stadium, ese templo del fútbol situado al Sur de Gales en la preciosa ciudad de Swansea; aquel que en los momentos más difíciles de los cisnes hacía presagiar tardes de gloria, vivió esta tarde un encuentro magnífico. No existe hoy en día en las islas mejor equipo que el Manchester United, líder destacado de la Premier League. Tampoco equipo más sorprendente que este Spanish Swansea, comandado por Laudrup desde el banquillo y por Michu en el verde. Es un equipo que no se acobarda con nada ni con nadie, capaz de ruborizar al más pintado. Lo que hoy sucedió en el campo es lo que lleva mucho tiempo imaginando la cabeza del aficionado blanquinegro: este equipo llegará muy lejos. Empataron 1-1, como ya lo hicieran en su día el Chelsea (1-1) y el Liverpool (0-0), y corrieron mejor suerte que el Arsenal, que cayó derrotado en su campo 0-2. No hay mejor manera de celebrar un centenario que finalizando entre los puestos de cabeza, esos que permiten entrar en la pelea por un pasaporte al mundo de los sueños llamado Europa, sin importar demasiado su apellido.


La situación actual del Swansea no es casual: es el fruto de apostar por la continuidad. Con Roberto Martínez, el equipo asumió una identidad que continuó con Paulo Sousa, se perfeccionó con Brendan Rodgers y ha llegado al nivel actual de la mano de Laudrup. Por el camino quedaron dos ascensos memorables que reforzaron la propuesta asociativa del primer equipo galés en jugar la Premier League. Ha variado mucho el equipo con respecto al del año pasado. Las entonces estrellas Sigurdsson, Allen y Sinclair ahora brillan en el Tottenham, Liverpool y Manchester City respectivamente. Algo se debe estar haciendo muy bien cuando el equipo está siendo capaz de mantener el nivel y los resultados (finalizó decimoprimero la temporada pasada, la misma posición que ocupa actualmente). Por ello hay que darle las gracias a esos ejemplos de fidelidad absoluta, como el capitán Williams, el catalán Ángel Rangel o el excelente centrocampista Britton, que fueron subiendo peldaños a la par que el equipo desde la League Two.

No hay que mirar a otro lado: Michu es el gran culpable del impacto de este equipo. Asturiano de nacimiento y rayista de corazón, puso rumbo a Gales sin saber muy bien dónde se metía. Hoy lo sabe, sabe  que la Premier es su hábitat natural y que en verano se pelearán por sus servicios con mucho dinero de por medio. Actualmente, después de su tanto de hoy frente al United, es el máximo goleador en solitario de la competición con trece tantos. Y todo ello sin jugar de delantero centro, llegando al área desde la segunda línea para aprovechar cualquier ocasión. En eso Michu es el mejor. ¿Quién iba a imaginar que su rendimiento iba a ser tal cuando aterrizó en el Liberty a cambio de tan sólo 2,5 millones de euros? Ahora que el club lo ha tasado en 37 podemos observar con cifras lo que significa su evolución: en cuatro meses y medio, Michu ha multiplicado su valor por quince.


Pero su evolución futbolística es mucho más llamativa. Michu se dio a conocer en el Oviedo como un mediocentro creativo y como tal pasó, primero al filial y luego al primer equipo del Celta. Poco a poco fue mostrando su olfato de cara a portería y sus aptitudes para moverse por la mediapunta, lo que Sandoval destapó definitivamente en el Rayo. En Michu encontró el equipo vallecano su mayor argumento para la salvación. Sus quince goles en liga le convirtieron en el máximo goleador español de la temporada y en una pieza apetecible en el mercado que ningún equipo español se atrevió a comprar. Lo hizo el Swansea con Laudrup como su principal valedor y por fin explotó. Su evolución ha continuado y parece inevitable que termine ocupando la posición de nueve. Hoy ya lo hizo, por tercera vez en la temporada, y volvió a marcar para sellar el empate frente al todopoderoso Manchester.

Su rendimiento, pero sobre todo, su manera de jugar son los que nos invitan a hacernos la incómoda pregunta: ¿para cuándo su debut con la selección española? Michu reúne todas las condiciones para ser el falso nueve goleador que busca Del Bosque: se asocia, sabe jugar de espaldas, es hábil en el desmarque, potente en el juego aéreo y letal desde la segunda línea. Los analistas auguran un debut durante este próximo 2013; la trayectoria de su equipo y la suya personal invitan al optimismo. En un momento en el que la marca España está más devaluada que nunca, hombres como Michu, Pablo Hernández, Chico o Ángel Rangel dejan el nombre de nuestro país por las nubes con un juego sensacional. Go Swans!

PabloG.

La fiesta del hundimiento


A sanciones injustas, soluciones gigantes. ¿Qué mejor manera de decirle a la UEFA que el Málaga merece jugar la Champions que ganarle al equipo que más campeonatos acumula? El Málaga mereció siempre la victoria. Por talento, por juego, por descaro y por valentía. Con todo un Real Madrid enfrente, Pellegrini sacó al equipo con Camacho como único mediocentro y Portillo e Isco de interiores. O lo que es lo mismo, no varió ni un ápice los planteamientos que suele hacer en los partidos de casa, dejando claro que el Málaga no juega en función del rival. Si varió Mourinho su alineación con un movimiento que traerá mucha cola: Casillas, capitán y santo y seña del Real Madrid, vio el partido desde el banquillo, en teoría por una “decisión técnica”.


El partido tuvo dos mitades bien claras y diferenciadas: la primera fue un pulso entre el poderío físico madridista y el talento colectivo blanquiazul; en la segunda, lo primero desapareció. Los contragolpes tan dañinos que apunto estuvieron de dejar el partido sentenciado a la media hora, con más velocidad que justicia, se esfumaron y dejaron libre el terreno para la creatividad. Cuando Isco mueve el balón, el Málaga baila. Si todavía podía existir alguna duda al respecto de su elección como Golden Boy 2012 –mejor jugador del mundo sub-21 que juega en Europa–, el partido de ayer sirvió para disiparla. Fue un tormento para el medio campo madridista, y sus asociaciones con Joaquín fueron devastadoras. A los tres minutos de la segunda mitad, con un fuerte disparo a pase del gaditano, hizo el primero.


No hubo rastro de Ronaldo durante los noventa minutos. Una falta a la que Caballero respondió con el paradón de la temporada y numerosos fallos de cara a portería son un resumen demasiado extenso para lo que ofreció en el campo. Y el Madrid, sin Ronaldo, se atasca. Dio un paso atrás y dejó que el Málaga lo embotellara dentro del área. Pudo hacer el segundo, pero tras un error defensivo de los boquerones y una jugada demasiado enredada en el área, entre Sergio Sánchez y Benzema mandaron el balón al fondo de la red. En realidad este gol no debería haber subido al marcador, ya que Khedira le propinó un fuerte codazo en la cara al propio Sergio Sánchez –el segundo de la noche, el primero fue dentro del área madridista y el catalán tuvo que salir del campo con la nariz ensangrentada-. Pero el gol no alteró en nada las propuestas de uno y otro equipo. Al revés, cada vez fueron a más: el Málaga más hacia delante y el Madrid, hacia atrás.

La entrada de Santa Cruz dinamitó definitivamente el partido. El paraguayo salió para fijar a los centrales y aprovechar cualquier fallo dentro del área. Saviola se estaba acercando demasiado al centro del campo. Su participación no pudo ser más brillante: dos goles en diez minutos, ambos puestos en bandeja por el mejor Joaquín que se recuerda. Y entonces, reinó el caos en el Madrid de Mourinho. Costaba trabajo creer lo que se veía: Callejón y Essien de laterales; Ramos de delantero; Modric, Kaká y Özil en el campo… y Adán, cómo no. Ni por esas pudo hacerse con el partido el Madrid. Tan sólo un error de Camacho, probablemente el único que cometió en todo el partido, propició una contra que finalizó Benzema con maestría. Engañaba el marcador: los blancos no estaban tan cerca del Málaga a nivel de juego. Se pidió un penalti por manos de Eliseu y el banquillo se incendió. Dejó ver toda la impotencia: el Madrid de Mourinho estaba perdiendo frente al Málaga de Pellegrini y dejando escapar a dieciséis puntos al Barça.


La Rosaleda disfrutó como nunca. Lo tomó como algo serio, como un partido de la Champions que Platini no quiere que juegue y arropó a su equipo hasta el final. Es la primera victoria del Málaga frente al equipo merengue desde que se apellida Club de Fútbol; la última fue el mítico 6-2 de hace veintinueve años. Quizá vuelva a pasar tanto tiempo hasta el Málaga vuelva a conseguir semejante victoria. O quizá no. Este 2012 invita al optimismo. Un colofón como este es lo más grande que puede pasar.

PabloG.

sábado, 22 de diciembre de 2012

Fiesta, emoción, justicias e injusticias: Málaga-Real Madrid


Hoy llega el Real Madrid a La Rosaleda para disputar el partido de la jornada. ¿Quién iba a imaginar que esto fuera posible hace tan sólo unos meses? Probablemente, nadie. He aquí la prueba de que el crecimiento del Málaga ha sido espectacular. El equipo ha sufrido una evolución dentro del campo sin precedentes en la historia del fútbol en la Costa del Sol: cuartos en liga y en octavos de la Champions y de la Copa del Rey. Pero todavía algunos se empeñan en manchar esta impecable trayectoria con asuntos que poco o nada tienen que ver con el fútbol. Sin ir más lejos, la UEFA, el máximo organismo del fútbol europeo, con Platini a la cabeza. Ayer sorprendió con una sanción jamás vista en Europa: el Málaga no disputará la próxima competición europea para la que se clasifique y la sanción puede ser prorrogable otros cuatro años. Y todo esto por unos pagos que, según fuentes del club, están totalmente solventados. Pero ¿por qué se mira sólo al Málaga? ¿Acaso no hay equipos que deban más dinero? ¿Quizá no hay equipos, ya no con problemas económicos, sino con peores y más dañinas conductas? Al parecer la UEFA no se da cuenta de que si esta sanción se lleva a cabo –el Málaga recurrirá ante el TAS– desvirtúa la Liga BBVA quitándole a un equipo la ambición por quedar lo más arriba posible.


No todo iba a ser malo este fin de semana. Y como el Málaga es, actualmente, uno de los equipos que mejor juego despliega del continente, es por ahí por donde le llegan los reconocimientos. Concretamente a su jugador franquicia: Isco Alarcón Suárez. El de Arroyo de la Miel representa a la perfección la transformación de este equipo: aterrizó en La Rosaleda siendo un semidesconocido, poco a poco fue haciéndose un nombre y hoy por hoy es uno de los mejores jugadores del mundo. Su exquisito juego ha sido premiado por la revista Tuttosport con el prestigioso Golden Boy, que premia al mejor futbolista de Europa menor de veintiún años. Si echamos un vistazo a la lista de jugadores que ganaron el premio con anterioridad, podremos hacernos una idea de lo que realmente significa. Gente como Messi, Fàbregas, Rooney, Agüero, Pato o Mario Götze, campeón del año pasado, levantaron con anterioridad este precioso trofeo dorado; sus éxitos posteriores hablan por sí solos.


Esta tarde estará en el campo Isco frente al que puede ser el ganador del Balón de Oro de este año. Cristiano Ronaldo regresa a La Rosaleda, su hábitat natural. El delantero luso ha marcado diez goles en seis partidos frente al Málaga, seis en el coliseo blanquiazul y de ellos, tres la temporada pasada. Pero el auténtico duelo se vivirá en los banquillos. Mourinho contra Pellegrini; la fuerza contra la técnica; la visceralidad contra el temple. El portugués llegó al Bernabéu para ocupar el puesto del chileno después de firmar la mejor temporada liguera de la historia del Real Madrid. Ni si quiera eso bastó, pesó más la eliminación copera –el famoso Alcorconazo– y el batacazo en Champions frente al Lyon. Pero la vida da muchas vueltas: hoy el que está contra las cuerdas es José Mourinho. Se encuentra a trece puntos del Barcelona –hoy podrían ser dieciséis–, con un dos a uno en contra en la Copa y con una eliminatoria más que complicada frente al Manchester United en Champions. Si hoy no consigue la victoria, su situación puede hacerse insostenible.


Lo único que está claro es que el ambiente será hostil para el técnico luso. Todavía escuecen en Málaga sus famosas declaraciones de hace temporada y media. Quizá hoy se arrepienta de aquella desafortunada frase: puede perder el puesto frente al Málaga, su afición y Pellegrini. Eso sí, hay que romper una lanza a favor de Mourinho, que ayer criticó la sanción impuesta a los boquerones en su rueda de prensa, lo que él considera algo “triste”: "No estoy en condiciones de analizar la decisión. Pero espero que hayan condiciones para que si el Málaga se clasifica se pueda solucionar. Si ganan dentro del campo los profesionales y los técnicos el derecho de jugar, no sería bueno que por decisiones extradeportivas fueran ellos los sancionados”. De cualquier modo, el partido tiene mucho significado para los dos equipos. Para uno porque puede servir de celebración y a la vez de redención; para otros porque se juegan el prestigio, el orgullo y quién sabe si el puesto. Ojalá que no decepcione, porque promete ser fabuloso.

PabloG.

martes, 18 de diciembre de 2012

Las claves de la superioridad azulgrana


No es casualidad. A falta de casi una veintena de jornadas, la Liga de las Estrellas parece tener ya un dueño muy claro, y esta situación radica de un hecho muy concreto: la superioridad del Barça sobre su competidor más directo, el Atlético de Simeone. Con el Madrid de Mourinho combatiendo sombras, la liga carece de sentido. Este equipo es demasiado bueno como para ser parado por los demás. Así lo revela la estadística: dieciséis jornadas, cuarenta y seis puntos, quince victorias y un único empate, concedido frente al equipo blanco. Los de Vilanova atacan y defienden mejor que nadie, y además cuentan con Messi para resolver cualquier tipo de problema. Brutal.



El planteamiento de Simeone fue sencillo: un 4-4-2 con las líneas muy juntas y metidas en su propio campo para no dejar ni el más mínimo espacio a Messi. Funcionó de maravilla. El Barça se sentía demasiado incómodo en los primeros minutos. Tocaba y tocaba sin avanzar ni un palmo y con un Atleti muy fresco enfrente que al más mínimo error se plantaba frente a Valdés. A esto hay que sumarle que Messi tenía que recibir demasiado alejado del área. El argentino no sabía dónde situarse para tener un contacto eficaz con el balón. La pedía con desesperación en la banda y por último decidió asumir el rol de creador del juego azulgrana. El resultado fue el mismo, nada. Además, un error suyo al recibir el balón dio lugar a la contra que desembocó en el gol de Falcao. El Tigre ya había avisado anteriormente con un remate al poste, pero esta vez nada pudo impedir su gol.



Tras esta pérdida, Falcao hizo el primero
La impotencia era palpable. El Barça estaba dominando el partido con excesiva claridad y un setenta y cinco por ciento de posesión, pero no conseguía generar el peligro suficiente como para inquietar a Courtois. Faltaban ocasiones; faltaba un delantero que dislocara a la defensa colchonera. Messi, en definitiva. Y ante la ausencia de Messi, los laterales se destaparon. Comenzaron a hacer de la banda una autopista para envolver al Atleti. La mayor consecuencia, el golazo de Adriano; la exageración máxima, la jugada del minuto cuarenta y dos, con Alba y Adriano dentro del área. La brillantez y el temple de Busquets terminaron por hundir al equipo del Cholo antes del descanso.


Pero lo que hizo que el partido se decidiera definitivamente ocurrió en la segunda mitad. El Barça continuó con su dominio, con su exagerada posesión pero sin presencia en el área. Sin presencia hasta que apareció Messi. Le bastó un balón, probablemente el único que tocó en zona de peligro, para poner el tercero. Y a partir de ese momento, el Barça se liberó definitivamente, tocando, rotando y controlando el partido con el balón en los pies. Quizá en el guión no estaba escrito un último gol, pero Godín se encargó de entregárselo a Messi para que ampliara su récord hasta los noventa goles.


Sin embargo, fue curioso un detalle: Messi siguió situado en el inicio de la jugada incluso después de su primer gol. Ni siquiera la entrada de Thiago por Alexis varió la posición de la Pulga. Estaba empeñado en acompañar posicionalmente el soberbio partido que firmó Iniesta y al talento de Xavi; empeñado en mostrar que es un futbolista total, capaz de generar una jugada de peligro y finalizarla con la misma facilidad.


Que el Barça le debe mucho a Messi es una realidad. Le debe casi todo, pero dentro de ese casi hay un matiz inmenso. El Barça es una máquina que rezuma fútbol por los cuatro costados, tanto en defensa como en ataque. Esto se pudo comprobar en dos momentos bien distintos: primero en los minutos en los que el Atlético más incordió a Valdés y después cuando el partido necesitaba un control que no afeara el espectáculo. Para el primer caso, la defensa culé realizó a la perfección la defensa en rombo; para el segundo, el ágil toque en espacio reducido. Disfrutemos de este equipo, porque es algo irrepetible.



PabloG.

domingo, 16 de diciembre de 2012

Excesos y carencias que condenan a un subcampeonato


No se puede explicar tanta desilusión. O quizá sí. La derrota del Chelsea frente al Corinthians en la final del Mundialito de Clubes es tan sólo la punta del iceberg de lo que está ocurriendo en el seno del equipo blue. Todo resulta demasiado provisional, demasiados parches para un equipo tan poderoso económica, futbolística y socialmente. Ya a nadie sorprende hablar del mediocentro del Chelsea. Parece mentira que un futbolista que no existe sea capaz de concentrar mayor atención que los veinticinco que componen la plantilla londinense. ¿Desde cuándo se viene tratando este tema? Es tan antiguo que ya perdí la cuenta. No es culpa de Benítez que esta figura no exista; es un problema heredado. Tampoco sería justo culpar a Di Matteo, el pobre hombre hacía lo que le ordenaban. Pero cuidado, los egos son los mayores enemigos de los colectivos.

Cualquier futbolista desea fichar por el Chelsea, de esto no hay duda y es fácilmente contrastable: Hazard, que tenía tras sus pasos a media Europa, prefirió desembarcar en Stamford Bridge que en Old Trafford, por ejemplo. Esto responde a temas de prestigio y, sobre todo, económicos. Pero lo que no queda claro es si los mejores entrenadores están dispuestos a afrontar un proyecto en el que saben que no serán los dueños de su plantilla, que estarán subordinados a los gustos y exigencias de su superior. No parece que a Benítez le quede mucho tiempo en el banquillo blue. Como mucho, hasta final de temporada. Pero, ¿quién aceptará ser su sustituto conociendo los requisitos a cumplir?


Volvamos al fútbol. Es imposible que este Chelsea sea capaz de dominar un partido con el balón en los pies. Imposible. No tiene argumentos para realizar la transición coherentemente desde la defensa hacia la mediapunta. Estas dos líneas son absolutamente brillantes, pero necesitan un elemento aglutinador que a día de hoy no existe. Ni Mikel, ni Ramires, ni Oriol Romeu –lesionado hasta final de temporada– están capacitados para realizar esta labor. Tampoco Lampard, un jugador que encajaría más en la mediapunta en el esquema de Benítez; ni Oscar, que necesita estar cuanto más pegado al delantero, mejor. La solución que más rendimiento ha dado hasta el momento es David Luiz. A vueltas con lo mismo: provisionalidad. El brasileño es uno de los mejores centrales del mundo y el único de la plantilla del Chelsea que es capaz de sacar el balón jugado desde atrás. Trasladarlo al centro del campo sería trasladar el problema a la defensa. Hay partidos en los que no implica ningún riesgo hacerlo, pero no en el de hoy, en el que David Luiz era el más capacitado para frenar a Guerrero.

Decir que el Corinthians realizó un planteamiento inteligente es una verdad a medias: es cierto que encontró la mejor forma de parar al Chelsea –entregarle el balón–, como también lo es que esa es su manera habitual de jugar. Y en un duelo en el que nadie quiere la pelota, por obligación, el Chelsea sale perdiendo. Sale perdiendo porque es el que tiene que asumir la responsabilidad de crear; sale perdiendo porque con el otro equipo encerrado y su deliciosa línea de tres mediapuntas bien cubierta, se convierte en un equipo mediocre, indigno de disputar la final de un campeonato del mundo.


Con este panorama, lo más destacable del partido fue la exhibición de Paolo Guerrero. Pocas veces un apellido define mejor a un futbolista. El peruano dinamitó el partido echándose a su equipo a la espalda. No es un portento técnico, pero su entrega no tiene límites. Es un futbolista intenso –a veces demasiado– y un ganador nato al que cualquier rival, por grande que sea, debe temer. Supo sacar ventaja del caos blue y transformar en oro cualquier ocasión de su equipo. Su asociación con Paulinho fue la clave; su gol, la recompensa a su trabajo. Hizo justicia en un partido en el que el Chelsea mereció perder. Confío en que su situación varíe a partir de enero porque recursos, precisamente, no faltan. Lo que sobran son otras cosas: egos, provisionalidad y malas planificaciones.

PabloG.

Demichelis contra la adversidad


Un pequeño detalle es capaz de hacer cambiar completamente y de forma irreversible el rumbo de un partido. Cuestión de fútbol. Uno de los ejemplos más claros de la historia se vio ayer en Sevilla, con las poco pobladas gradas del Sánchez Pizjuán como testigos de excepción: el Málaga pasó de estar acorralado por el Sevilla a ganar el partido con holgura con un simple cambio de apreciación. No varió la actitud, no varió la intención, tan sólo la posición de un futbolista. Pellegrini dio en la tecla con lo que en un primer momento se interpretó como una excentricidad. Volvió a demostrar por qué es uno de los mejores entrenadores del mundo con una jugada maestra.


Nada resulta más incómodo al Málaga que tener a Negredo enfrente. Dos goles anotados y uno originado la temporada pasada dan fe de ello. Esta vez no fue una excepción: el vallecano se mostró muy superior a Weligton en el uno contra uno y Demichelis poco pudo hacer para mejorar la situación. A los tres minutos, ya había estrellado un balón en el poste en una jugada en la que se cantó gol en Nervión. Enchufó al Sevilla, dueño y señor del encuentro a gracias a su intensidad, su carácter y lo que es más sorprendente, a la posesión. Parece mentira que un equipo como el de Míchel sea capaz de someter a otro como el de Pellegrini a base de posesión, pero lo cierto es que el dominio fue aplastante. Las ocasiones se sucedían y el primer gol se intuía pero no se terminaba de concretar. No había prisas, quedaba todavía un mundo por jugar. Con esta actitud, al Sevilla le haría falta poco más para vencer a un Málaga cuya pobre imagen casi asustaba.


Pero la fina capa de pesimismo malaguista y optimismo sevillista no permitía ver la realidad. El Sevilla dominaba técnicamente; el Málaga lo hacía en el aspecto táctico. Además, cada vez que lograba encadenar cuatro pases seguidos dejaba a su rival sin argumentos. Necesitaba un empujón para demostrar definitivamente que el partido podía ser suyo: en el descanso, Pellegrini decidió dar entrada a Sergio Sánchez por Iturra. El exsevillista pasó a ocupar el eje de la zaga y Demichelis el centro del campo. Ofensiva, control y victoria, en orden cronológico. El argentino tardó poco en aclimatarse a su nueva posición. Seguramente sirvió de ayuda el primer gol malaguista que él mismo logró a la salida de un córner. A partir de ahí, no hubo más Sevilla. Siguió manejando el balón, pero con apenas peligro.


Negredo no volvió a recibir un balón peligroso en lo que quedó de encuentro y Míchel comenzó a desesperarse. Quemó sus naves, en parte obligado por la lesión de Rakitic. Llegó a plantear un 4-3-3 con Manu del Moral y Reyes como integrantes del centro del campo, pero tampoco hubo tiempo para comprobar si era un acierto o un fracaso. Un balón largo de Sergio Sánchez permitió a Joaquín ganar limpiamente en velocidad a Fazio, que lo derribó en el área. Penalti, expulsión y gol de Eliseu. Hasta aquí el partido. Lo que se vio en los últimos veinte minutos fue un abuso, una humillación en toda regla. Cánticos de “¡Míchel, vete ya!” se mezclaban con los olés de la hinchada malaguista. Son las cosas de los derbis. La situación del Sevilla cada día es más crítica. A veces por la suerte, otras por la actitud… pero lo cierto es que ni siquiera su dominio sirvió para ganarle a un Málaga que se afianza en la cuarta plaza. Quizá algunos cambios no les vengan tan mal.

PabloG.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El romanticismo hecho fútbol


“Obrigado Lucas”. Con este mensaje se presentaba la torcida de São Paulo en el Morumbí para decir adiós a su ídolo. La ocasión no podía ser mejor: una final de la Copa Sudamericana es algo muy grande, más aún si puede servir para reconocer a un futbolista que ha devuelto al tricolor al primer plano del fútbol continental. Porque Lucas Moura siempre fue un futbolista diferente, incatalogable e imparable. Ayer le tocó sufrirlo al Tigre de Gorosito, la gran revelación del torneo. Es un equipo pequeño, pero lleno de orgullo y extremadamente inteligente. Trató de llevarse el partido a su terreno; quiso parar el preciosismo brasileño con marrullería y desquicio. Quizá era la única forma de llevarse el partido, pero tampoco funcionó.


Ambos equipos libraron una guerra en el campo. Se vieron balonazos, patadas y codazos por todas partes. Pero algo seguía brillando por encima de todo: el talento de Lucas. Su partido fue como esa flor que brota en medio de la destrucción. Un gol y una asistencia en menos de media hora para proclamarte campeón de Sudamérica, no hay mejor ni más romántica forma de despedirte del equipo de tu alma. Nada ni nadie pudo pararlo. Ni siquiera con el tabique roto después del brutal codazo que le propinó Orban sacó de su cabeza al balón, la portería y sus compañeros. Demasiado ágil, demasiado bueno para seguir en Brasil. París le espera y Ancelotti le necesita. Quizá sea ese factor diferencial que le permita pasar por encima del resto de equipos franceses, aunque parezca una broma de mal gusto teniendo en cuenta el presupuesto del equipo parisino. Lucas no fue una excepción: más de cuarenta millones hicieron que el equipo de Ibrahimovic y compañía tuviera preferencia sobre otros colosos como Manchester United, Real Madrid, Juventus o Chelsea.


São Paulo y Lucas Moura separaron sus caminos con un título de por medio, el primero para el futbolista brasileño en su corta carrera profesional. Fue una fantástica recompensa para un jugador genial y una gran fuente de optimismo para afrontar esta etapa de transición que se ha abierto con su salida. Será difícil que el equipo vuelva a ser el mismo sin él, pero de talento precisamente es de lo que menos carencia hay en esta plantilla. Ganso, Luis Fabiano, Denílson (hasta junio) y Jádson son sustento de sobra para mantener el nivel que ha ofrecido este São Paulo campeón de Sudamérica. Pero una cosa está más que clara: Lucas Moura es un futbolista impresionante.

PabloG.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Un derbi infernal


No aprenden. Se empeñan en batirse en los duelos más extraordinarios del panorama futbolístico con su ciudad como testigo. No entienden que los hermanos deben llevarse bien por naturaleza. Por suerte, no aprenden. Con la liga en un puño y Manchester paralizada, el duelo entre el Cielo y el Infierno volvió a ofrecer una nueva entrega. No será la definitiva, pero probablemente haya sido la más espectacular de la historia. Un emocionante dos a tres reflejó fielmente en el marcador lo que se pudo observar en el campo durante algo más de noventa y seis minutos. Espectacular.


Planteó el partido Ferguson como viene siendo habitual en las grandes fechas últimamente. Sin precipitaciones, sin desesperarse. Con la solidez como bandera, los red devils permitieron que el balón eligiera con quien estar. No le dejaron opción sin embargo los sky blues, sabedores de que la posesión puede y debe ser su principal arma. Silva se nombró comandante y dirigió las ofensivas con Nasri y Touré como subordinados. Con un ochenta por ciento de posesión en los primeros minutos, nada hacía pensar lo que se avecinaba. Fue en una contra donde el partido comenzó a coger color. Inició Ashley Young con un suave toque de cabeza y la devolución de Van Persie permitió que el extremo inglés incendiara la banda. La dejó para Rooney, que con un recorte a Kompany enseñó a Joe Hart la trayectoria que el balón seguiría, con delicadeza, al palo contrario.

Hasta ahí llegó el físico del belga, que tuvo que ser sustituido por el otro Touré. Y mientras Kolo se aclimató, llegó el segundo tanto visitante. Enmudeció el Etihad Stadium con un dos contra uno en banda derecha en el que Valencia y Rafael dejaron a la luz las vergüenzas de Clichy. Se intuía lo que iba a ocurrir. Otra vez Rooney, en el área, aparecía para poner tierra de por medio. Sin dominio y sin ocasiones, pero con efectividad. Así es el United de los últimos tiempos; pero no nos engañemos, eso es lo que lo convierte en uno de los equipos más temibles del Viejo Continente.


Fue demasiado manso el City arriba y Mancini, que a veces hasta aparenta saber lo que hacer, se dio cuenta de que algo no encajaba. El problema se llamaba Balotelli y se solucionó –cabreo mediante– con altas dosis de Tévez. El Apache revolucionó el partido y a su equipo para darle un nuevo enfoque al partido. Estaba en su salsa, en la guerra de guerrillas. Luchó junto a Touré contra todo el frente defensivo para hacer mejor a Agüero y liberar a Silva y a Nasri. Entonces el City inquietó. Parecía tomar de nuevo el control de la situación, esta vez un control real.

Y el partido se rompió. Enloqueció en cuestión de segundos. Van Persie se sacó un disparo marca de la casa desde la frontal que hizo temblar el poste y a Manchester, y su rechace lo empujó a gol Ashley Young. El árbitro anuló con desacierto el tanto. Fue el principio del fin. A la contra, el City se plantó con un cuatro para tres. Fallaron Tévez y Silva; paró De Gea con maestría, pero el trallazo final de Touré fue demasiado. Renació el derbi y el centro del campo desapareció. Sólo se pudieron ver acciones de área en unos minutos en los que el City pudo lograr el empate en varias ocasiones. La más clara la tuvo Silva en sus botas dentro del área pequeña. La imagen dará la vuelta al mundo: disparó fuerte el canario y De Gea, sin querer –o quien sabe–, sacó el balón con el hombro y con la ayuda del larguero.


El City no quería que se escapara el partido. Entró Dzeko, el hombre milagro de los cinco minutos finales. Nadie tiene más mística en esos tramos de partido que él, el hombre que hizo campeón al City cuando todos lo daban por muerto. Ferguson conocía la historia y decidió amarrar el centro del campo con Jones. Fue en vano. En un córner en el que reinó el despiste, Zabaleta llegó desde la frontal para poner el empate en el marcador. Otra vez a falta de cinco minutos.


Dos a dos, un estupendo resultado para los dos equipos. Para unos porque jugaban en casa del eterno rival y podrían mantener su ventaja en la tabla y el liderato; para otros porque después de ir perdiendo cero a dos, cualquier resultado es bueno. Pecaron de conformismo. Nadie contó con el factor Van Persie. El holandés nunca se da por vencido. Fue capaz de brillar en el Arsenal de Henry, en el de Cesc Fàbregas, y sostener al equipo cuando carecía de referentes con una temporada soberbia, la misma que le catapultó a Manchester. Sabe que ya es una superestrella y que debe rendir como tal. Nunca decepciona y hoy no iba a ser una excepción. Con dos minutos del descuento ya cumplidos, vio en una falta en la frontal la ocasión de su vida. Colocó el balón con mimo y tomó una larga y lateral carrera hacia la gloria. No estaba permitido el fallo; tampoco estaba en su mente. Disparó con fuerza, para que la pierna de Nasri no fuese una enemiga, sino una aliada a la hora de batir a Hart. Volvió a lograrlo.

Llovieron objetos de todo tipo sobre el césped de Manchester. La cara ensangrentada de Ferdinand reflejó todo el nerviosismo que se vivió en la grada, fruto de la incredulidad. Nadie podía creer lo que estaba viendo. La ciudad de Manchester vuelve a las manos que casi siempre la dominaron tras una batalla espectacular. Los seis puntos de diferencia en la tabla no tienen ningún valor comparados con el orgullo herido de una afición que esperaba repetir la épica del año pasado (1-6 en Old Trafford y 1-0 en el Etihad). Pero no; Manchester seguirá siendo un Infierno al menos hasta la vuelta.

PabloG.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Crónica de una muerte anunciada


Sólo el tiempo es capaz de convertir lo extraño en cotidiano. En éstas vive el Granada, perdido sin saber muy bien por qué en la parte baja de la clasificación. Hay un buen equipo, un buen bloque y un buen entrenador. Anquela lo es, a pesar de lo que quieran decir los números, pero quizá Granada no sea su sitio. No le está acompañando la suerte y la afición comienza a desesperarse: pase lo que pase en el resto de partidos, esta semana dormirán en descenso. Parece que su tiempo en la capital nazarí se ha agotado. Puede que sea lo mejor para ambas partes; sus hombres necesitan nuevos aires y él también. Pero una cosa está clara: el castigo recibido hoy, en parte, fue excesivo.


Resulta casi paradójico que el Granada no haya logrado ni un gol en La Rosaleda. Fue mejor que el conjunto local durante buena parte de la primera mitad y contó con grandes ocasiones salpicadas durante todo el partido. Cada arrancada de Torje era un sufrimiento, pero faltó la definición arriba. Fallaron Ighalo, Benítez, Jaime, El Arabi y Brahimi; algunas ocasiones tan claras como un balón que se fue fuera con la portería vacía. Inexplicable. Tampoco hay que desmerecer la actuación de los más retrasados del Málaga. Weligton estuvo imperial en boca de gol evitando más de dos y tres ocasiones, y el partido de Willy Caballero es digno de revisión. Canta demasiado que no aparezca en las convocatorias de la selección argentina siendo el portero más en forma de España. Volvió a sostener al Málaga en los momentos más delicados, en esos en los que parecía que el partido se iba a romper sin remedio.

Eso sí, no es de extrañar que el conjunto rojiblanca encajara semejante goleada. Y no porque el Málaga desplegara un juego exquisito, que sólo lo hizo en los minutos finales cuando su rival bajo los brazos. La culpa estuvo atrás, con Toño como brillante excepción. Demasiado rígidos Diakaté y Mainz ante la movilidad blanquiazul. Joaquín supo enseñarles pronto el camino. Un resbalón del segundo propició que el gaditano se plantara solo frente a Toño. Lo batió por bajo y cantó el primero. Rompió con un suave toque todo el trabajo de dominación nazarí y abrió la veda. Después, el Málaga se puso a jugar. No con la soltura de siempre, pero lo justo para incomodar al Granada. En una de estas jugadas, llegó el segundo. Tras varios toques en la frontal, el balón llegó a Saviola. No se puso nervioso: la bajó, recortó con maestría a su marcador y puso raso el dos a cero.


Era una tarde de rencuentros: Benítez volvía a verse las caras con Clos Gómez después del botellazo; Anquela, con Pellegrini después del ‘Alcorconazo’; el Granada volvía a Málaga con la fiesta que ello conlleva… y lo más importante: Monreal se rencontraba con el césped. Dos meses después, el navarro volvió a sentirse futbolista. Tan sólo jugó media parte, pero rayó a un gran nivel. Como bien explicó en su día Fran Alameda, el Málaga, mientras mayores asociaciones en menos espacio tenga en la banda izquierda, más peligroso es. Isco volvió a sentirse seguro con la presencia del internacional español a su lado, y las ayudas de Joaquín y Portillo resultaron decisivas. Fue el factor diferencial que hizo que el partido cambiara de dueño.


Con el Granada intranquilo en busca del empate, la entrada de Buonanotte dinamitó el choque. Es pequeño y débil para luchar en el cuerpo a cuerpo, pero su inmensa calidad suple todas y cada una de sus carencias. Sabe cuál es su rol y como explotar sus cualidades dentro del engranaje blanquiazul. Explotó la banda izquierda a base de carreras cortas y de llevar el balón atado al pie. Una escapada suya provocó que fuese derribado cerca del pico del área. Fue la excusa perfecta para que Joaquín la templara  con dirección a portería y Camacho se elevara sobre el resto para ampliar aún más la diferencia. Pero el show de Buonanotte no terminó ahí. No cabe duda de que desea fuertemente un puesto en el once. Esta vez tuvo un invitado de excepción a su fiesta particular: Roque Santa Cruz. El paraguayo lo hizo todo bien en la jugada. Inesperadamente, sacó desde la banda un cambio de orientación que hubiera firmado el mejor centrocampista del mundo. La pinchó Buonanotte en el área, expectante ante la llegada de su compañero. Recibió de nuevo Roque para quedarse solo frente a Toño después de un magistral control con el pecho, y fusilar a placer al meta granadista. Fue la guinda a una noche fantástica para el malaguismo, que recupera así la senda victoriosa.

PabloG.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

"Nunca se ha visto nada igual en La Rosaleda"


“Nunca se ha visto nada igual en La Rosaleda”, comentaba una aficionada. Razón no le falta: el Málaga es primero de grupo con doce puntos, ha cumplido de sobra las expectativas creadas en su primera temporada en la Champions. Pero no, ella no se refería a los resultados deportivos. Hablaba de un tema mucho más serio. La culpa la tuvo un grupo descontrolado de belgas que llegó a la capital de la Costa del Sol con el único objetivo de crear el caos. Con su equipo jugándose muy poco, decidieron buscar los alicientes fuera del campo. Con la cabeza rapada, la bufanda al cuello y un francés desorientado por el alcohol en la boca, no tuvieron miramientos con nada ni con nadie. “Me han pegado. Me han pegado y me duele toda la espalda. Son unos animales”. Es la experiencia de un hombre mayor que se movía a duras penas con la ayuda de una muleta. Sólo quería disfrutar del fútbol, pero esos “animales” poco entienden de afición y deportividad. Volaron las piedras, las botellas y las pelotas de goma con las que se defendían los antidisturbios. Se vieron desbordados. Sus porras no daban abasto para controlar tanta desvergüenza, tanta agresividad. Ni los temidos aficionados del Panathinaikos, ni los tifosi del Milan, ni los ultras del Zenit causaron tanto revuelo. Es más, no causaron ninguno. Hicieron mucho ruido, pero con civismo, aunque fuese disimulado. Tuvo que ser la cenicienta del grupo la que encendiera la mecha. Por suerte, en lo que queda de temporada no saldrán de Bélgica para entrar en un campo de fútbol.


En el campo, júbilo. Alegría, esperanza, ilusión. Fútbol, sobre todo fútbol. Firmaron un partido muy entretenido los dos equipos. No sacó Pellegrini a los más habituales. Volvieron a jugar los héroes de San Petersburgo; los villanos de la Copa. En cambio, el Anderlecht si salió a pecho descubierto. Sabía que tenía que morir en el césped. Eran remotas sus opciones de clasificación para la Europa League, pero había que apurarlas. No se apreció la diferencia. Los blanquiazules dominaron el balón y a su rival a su antojo. Con Iturra por bandera en el centro del campo, la ayuda de Camacho tras la desgraciada lesión de Toulalan hizo del Málaga un bastión inexpugnable. Duda brilló como en sus mejores tardes. Dirigió la ofensiva del equipo y abrió una autopista en la izquierda a su compatriota Eliseu, totalmente desbocado. Y cuando Eliseu se desboca sólo puede significar una cosa: peligro. Arrancando desde el lateral se convirtió en un venenoso extremo dominador de la línea de fondo. Se la cedió primero a Iturra, después a Buonanotte. Ninguno de los dos logró concretar, a pesar de que incomodaron a Proto.

La ocasión más clara la tuvo Weligton. Tras un córner, Onyewu demostró una faceta antes desconocida y le puso un balón perfecto tras driblar a su marcador en el área. Falló el brasileño, solo en el área pequeña y con Proto ya batido. Pero el primero se sentía. El dominio era casi absoluto y los belgas hacían aguas en defensa. Hasta dos veces se plantó Seba frente al marco rival casi sin oposición. Tampoco logró nada. Debía ser de otra forma, con más brillantez, con más solera. Y como ya hemos dicho antes, el brillo lo puso Duda. El menudo uruguayo puso pausa a una contra frenética. No se desesperó, dribló a Safari casi andando y vio el pase a Duda en la frontal. El portugués la pisó, miró y la puso con rosca en la escuadra. No podía ser de otra forma.


Poco a poco fue andando terreno el Anderlecht. Sin juego, sin temple, sin control, tan sólo por velocidad. No fue capaz de dominar el juego el excelente Lucas Biglia. Dejó destellos de su infinita calidad y de su liderazgo, pero le fue imposible batallar solo frente a Camacho e Iturra. Delegó sus funciones en Jovanovic, más directo, más impulsivo, más visceral, como buen yugoslavo. El talentoso extremo fue un quebradero de cabeza constante. Supo contagiar a su equipo y despertar a la bestia Mbokani. Tuvo el empate en su cabeza el congoleño, pero se topó con otro jugador bestial: Carlos Kameni, que sacó una mano prodigiosa. No es el más regular de los porteros –ha quedado bien claro en este partido–, pero sí uno de los más espectaculares. Volvió a salvar a su equipo con otro paradón pocos minutos después, esta vez al propio Jovanovic. Parecía imbatible, pero recién reanudada la segunda mitad sacó a relucir su cara oculta.

Fue una contra bien hilada: Massimo Bruno por la derecha, Mbokani por el centro, Jovanovic por la izquierda. Un mal despeje de Sergio Sánchez la convirtió aún en más peligrosa. Mbokani recibió, pero el balón se le complicó. Allí fue Kameni, valiente y descuidado. Quizá no se lo esperaba, pero Jovanovic le pintó un cuadro precioso. Un sutil toque de izquierdas le hizo arrepentirse de su horrible salida. El balón le sobrevoló y entró despacio y botando en el recién estrenado césped de Martiricos. Quiso más el serbio. Un zapatazo suyo apunto estuvo de adelantar a los malviblancos. Esta vez si se rehízo Kameni, que con la punta de los dedos desvió lo justo el balón para que se estrellara en el poste.


Merecía mayor premio el Málaga por fútbol y por ocasiones. Santa Cruz lo intentó para quitarse el sambenito de delantero fallón, pero su disparo se fue a la madera. Realizó un buen partido jugando de espaldas y abriendo huecos a sus compañeros, pero se le volvió a resistir el gol. Hoy sólo quería un nombre y a un hombre en clave blanquiazul. Algo de esto sospechaba Buonanotte, quizá por eso puso su calidad en forma de pase sensacional al servicio del capitán Duda. Un control sobre la marcha, una mirada y un disparo raso cruzado. Un estadio en ebullición con el segundo gol de su jugador con más historia de todos los que están en la plantilla. Pasarán los años, llegarán –o no– la estrellas, pero Duda siempre será Duda, aquel hombre que salvó al Málaga del infierno de Segunda y permitió que Al-Thani desembarcara en la Costa del Sol en ese mismo verano. Es historia viva del malaguismo y autor de dos goles importantísimos tanto anímica como económicamente.


Pudieron valer más, pero el dinero voló a poco del final. No dio más de sí Kameni. Paró un remate a bocajarro de Jovanovic y otro casi imposible de Mbokani con los pies, pero a la tercera fue la vencida. La defensa malaguista estuvo mal. Ni Sergio Sánchez de central ni Onyewu cuando se arrima a él dan la talla para un equipo Champions. Se complicaron la vida y Mbokani esta vez no perdonó. Se esfumó medio millón, pero quedaron las sensaciones de un equipo hecho y lleno de orgullo que es capaz de plantar cara a cualquiera incluso con los suplentes. El bombo de la ilusión quedará configurado cuando acabe la jornada del miércoles, el día veinte se sabrá el rival de los malaguistas. Puede ser que al Málaga le toque el Gordo antes de tiempo. Nadie despertará al malaguismo del sueño, ni por las buenas ni por las malas. Es cierto que nunca  se ha visto nada igual en La Rosaleda.


PabloG.